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Tengo hambre y no tengo boca para hablar

Escucho una voz que viene de ningún lugar. — Mírame, mírame cuando te hablo. pues no tengo boca para hablar ni para reír ni para llorar ni para despreciar ni para amar. Que felices son los muertos y no miento pues lo de ellos todo está dicho, pero yo, tengo hambre y no tengo boca no entiendo qué me mantiene en vida o qué sea lo que me alimenta. En mi vida solo disfruto ver a las personas cuando sonríen son tan afortunados por tener boca para reír para llorar para despreciar y para amar. Solo bastó esta voz para que la escuchará y sonriera, en verdad que me besó la boca.