Tengo hambre y no tengo boca para hablar
Escucho una voz que viene de ningún lugar.
— Mírame, mírame cuando te hablo.
pues no tengo boca para hablar
ni para reír
ni para llorar
ni para despreciar
ni para amar.
Que felices son los muertos
y no miento
pues lo de ellos
todo está dicho,
pero yo,
tengo hambre
y no tengo boca
no entiendo
qué me mantiene en vida
o qué sea lo que me alimenta.
En mi vida solo disfruto ver a las personas
cuando sonríen
son tan afortunados
por tener boca
para reír
para llorar
para despreciar
y para amar.
Solo bastó esta voz para que la escuchará
y sonriera, en verdad que me besó la boca.
