Silla vacía
Las sillas tienen un vacío desde hace un década de niño, pasa lentamente un aire de tono inseguro. Ella quiere, él quiere, por allá quieren, vacilación definitiva entre los espectadores de la silla con infinitas ganas de sentarse e infelices, aquellos que no se ponen de acuerdo muy dependiente de lo enigmáticos que se creen que son, dudas selladas en la mente de todos que están frente a frente, frente a hombro, hombro a codo.
Ayer pasó lo mismo en el pasado puente, llevando a solo una persona a la libertad de su cautiva vida de miradas enigmáticas entre sí, cambiando silencio por invento vivo para actuar, prende leves alarmas inocente entre los silenciosos espectadores.
Ayer al lado de la silla vacías pasó el pasado de la historia que siempre pasa, expectantes deshilachados del exhaustivo día de trabajo de los demás, una constante incertidumbre de todo el día que deja huella de espanto y reproche mental al ver el vacío.
El día de hoy haciendo dolor como costumbre al fin del día sembrando un intento de fracasos memorial, sentado en la silla vacía ignorando las crudas miradas de los espectadores
y dejándolos solos con sus inventos de sentarse en la insegura noche, ella quería, él quería, vosotros queréis hasta que llego yo y me siento en la silla vacía.
