Lo fácil que es volverse adicto a la melodía de alguien.
Amando la melodía
que logra tocar
el viento con su cabello
y las notas de su sonrisa
tiene una canción
no antes vista
en cualquier rutina cotidiana.
No la veo,
no la conozco.
La escucho
vagamente
en mi espacio
y a mi tiempo.
No puedo sacar
esa singular melodía
cada vez que cierro los ojos
haciendo un intento por
escuchar mi humanidad.
A cada instante
me tomo el silencio
para tararear su sonrisa
para cantar su corte
cabello a cabello.
Cada persona tiene su melodía
pero la tuya
tan solo si la conociera
la repetiría
infinitamente.
