Vivo mi vida en un segundo piso,
en el cielo
ignorando lo que mis torpes pasos
pudiesen pisar al caminar.

De suerte no he pisado hasta el momento
ni el más diminuto polen
esquivando hasta la más microscópica molécula.

Traigo puesto la mayoría de los días
unos zapatos rojos que no combinan
con las flores, y tampoco con ninguna
hoja de las cuatro hojas de la suerte.

Me he pasado mi vida esquivando corazones,
me la paso cuidando donde piso.

Hoy he llegado al final,
les confieso que mis zapatos
al comienzo del camino,
eran blancos,
mi corazón seguía en el pecho
y aquí en mi mano.

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