A mis ojos
que me han hecho
lo que hoy soy
y lo que más problemas
me ha traído.

He pensado que mis ojos
me han hecho superficial.
Por momentos
me entra el impulso de sacármelos,
colocarlos en un vaso
y beber las lágrimas
que salen de él.

Recuerdo que mis ojos
son la mitad de mis sentimientos;
quienes acompañan mis alegrías,
quienes se cierran cuando hay lluvia,
en especial con la maldita lluvia,
pues aprendí que si confías en la persona
equivocada, pueden dejarte las ventanas
abiertas al salir
y dejar todo el lugar empapado,
enlagunado.

Desde ese día, mis ojos reconocen
la mentira con tan solo
mirarte de frente,
y no es agradable ver que te mienten
cuando creías que esa persona
era sincera.

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